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26 de abril 2008
5º ANIVERSARIO DE CONSAGRACIÓN EPISCOPAL: MONS. GEORGES M. SAAD ABI YOUNES. OBISPO MARONITA DE MÉXICO.
Libro de los Hechos de los Apóstoles: 16, 1-10. Evangelio según san Juan: 15, 18-21.
Amados hermanos y hermanas en Cristo Jesús,
Querida Comunidad Maronita Libanesa de la Eparquía de Nuestra Señora de los Mártires de Líbano:
Antes de iniciar nuestra reflexión sobre las lecturas que, acabamos de escuchar, deseo agradecer a todos ustedes: miembros de la Comunidad Maronita Libanesa de México y amigos que me acompañan en este 5º aniversario de mi Consagración Episcopal, porque ustedes fieles, aquí presentes, son el pequeño rebaño que Dios me ha encomendado, son el centro y la razón de mi Episcopado; por ello, esta celebración Eucarística es ante todo, una Acción de Gracias a Jesucristo Resucitado y Presente que hace 5 años me encontró digno de suceder a aquellos hombres, que al lado de Jesús, se convirtieron en Apóstoles, es decir, enviados a proclamar la Buena Nueva de la Salvación; a fortalecer en la fe a todos los discípulos y a extender el Reino de Dios hasta los confines del mundo. Así mismo esta Santa Misa es una humilde y confiada súplica al Espíritu Santo, con el fin, de que me ilumine y fortalezca para cumplir, cabalmente, con todo aquello que el Señor espera de mí como Obispo de la Diócesis Maronita de México.
Hermanos, no voy a negar, que esta misión, que Jesús ha puesto en mis manos, es ardua y difícil, y que requiere, no sólo de mi entrega total, sino de la oración, la obediencia y la ayuda efectiva de todos ustedes; para que esos dones y carismas que Dios ha concedido a esta Comunidad Eclesial, sean fecundos, para la vida y obra de la Iglesia: Asamblea de todos los creyentes.
Así, pedimos a Dios Nuestro Señor y a María Santísima que, unidos en el amor podamos trabajar para la salvación del mundo y la gloria de Dios.
Ahora bien, quisiera reflexionar durante esta celebración, sobre los siguientes versículos de los Hechos de los Apóstoles, que acabamos de escuchar: “En todas las ciudades por donde iban pasando, daban a conocer las decisiones tomadas por los Apóstoles y Presbíteros de Jerusalén, para que las pusieran en práctica. De esta manera, las comunidades cristianas se fortalecían en la fe y el número de creyentes aumentaba cada día más” (Hch. 16, 4-5).
Hermanos, esta palabras son, precisamente, el camino señalado por Jesús, para que, la labor de los Apóstoles (Obispos) y Presbíteros sea eficaz en el seno de la Iglesia.
Para esto, debemos saber que, el Obispo, del latín EPISCOPUS, y del griego EPISKOPOS, quiere decir “INSPECTOR”, en otras palabras, el que vela por la pureza de la fe en una determinada comunidad; el que confirma en la Doctrina de Jesús a su rebaño; el que tiene poder para educar, iluminar, corregir, administrar y gobernar una Diócesis, ya sea esta territorial o comunitaria.
Así, el versículo de nuestra reflexión, cobra todo su sentido: aquellos Apóstoles y Presbíteros de Jerusalén fueron el primer núcleo de la naciente Iglesia y los depositarios de los Misterios que, mediante la fe, debían ser creídos y puestos en práctica.
Hermanos, cada comunidad cristiana desde el inicio de la Santa Iglesia fue dotada por los Apóstoles, según iba aumentando el número de fieles, de sus propios Presbíteros y después de Obispos, siempre unidos a Pedro el Obispo de Roma, la Roca firme, que Cristo dejó como Vicario suyo en la tierra.
El Obispo en su Diócesis es pues, la máxima autoridad, y según la tradición apostólica, el que debe gobernar como Cristo, mediante el amor y el sacrificio de su vida; el Obispo debe ser el “Buen Pastor” que conduce a su rebaño, le muestra el camino y le lleva a la unidad con el resto de la Iglesia, “Cuerpo Místico de Cristo”.
La Santa Iglesia se define así, como la Institución creada por Jesucristo Resucitado, para ser su pueblo santo, pueblo escogido cuya fe y ejemplo, conduzca al mundo entero a la salvación.
Por eso es, tan necesario, que en esta joven Diócesis Maronita de México, que solo cuenta con 13 años de fundación, juntos nos esforcemos por vivir nuestra fe, como signo y testimonio de nuestro amor y obediencia a la voluntad de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Pido en este momento a la Santísima Virgen de Guadalupe, discípula perfecta del Señor, interceda por mí y por la Eparquía de Nuestra Señora de los Mártires de Líbano, para que seamos “Sal de la Tierra” y “Luz del Mundo” de manera que, la Comunidad de los Hijos de san Marón, aumente cada día y enriquezca a la Iglesia Universal con sus carismas particulares.
Mi gratitud a Jesús Resucitado y a todos ustedes, por el apoyo y las muestras de cariño y cooperación que he recibido en estos 5 años; espero seguir gobernando a la Iglesia Ritual Maronita en México en el amor y servicio, confiando siempre, en la misericordia de Dios, que me ha sostenido hasta el día de hoy.
QUE ASÍ SEA.
+Mons. Georges M. Saad Abi Younes. Obispo Maronita de México.
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