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PROYECTOS DE LA EPARQUIA MARONITA DE MEXICO A.R. 

 

 La Diócesis Maronita de Mexico: Eparquía de Ntra. Sra. de los Mártires de Líbano,

Recorre a su generosa aportación y su abundante donativo para apoyar los proyectos de la Diócesis Maronita.

 

Si tu eres feligrés católico, Libanés o Maronita

Si tu eres amigo a San Charbel

Si tu eres devoto a San Charbel

Tú, hermano quien recibió un favor, un milagro o una bendición de San Charbel.

Hoy, El te llama a ti, y pide tu contribución en la construcción de los proyectos de San Charbel:

 

   1/ EL CENTRO COMUNITARIO LIBANES: SAN CHARBEL, EN SANTA FE MEXICO, DF.

   2/ LA IGLESIA DE SAN CHARBEL EN CHIHUAHUA, CHI.

   3/ LA IGLESIA DE SAN CHARBEL EN VERACRUZ, VER.

   4/ LA IGLESIA DE SAN CHARBEL EN PACHUCA, HIDALGO.

   5/ LA IGLESIA DE SANTA RAFQA EN GUADALAJARA, JALISCO.

 

Favor de depositar su donativo en la cuenta de:

 

ASOCIACION SAN CHARBEL A.C.

BBVA BANCOMER SUC. NO. 6343

NO. DE CUENTA 0157775334

CLABE 012180001577753344

 

La limosna debe darse con alegría, porque Dios ama al que da alegremente. (2 Corintios 9,7).

La Iglesia desde los tiempos apostólicos ha vivido, gracias a las aportaciones que los fieles ofrecen (Hechos 4, 32-34),


  


 

24 de enero 2010                  DOMINGO DE LOS SACERDOTES

Libro de Job: 1, 1-12.

2ª carta de san Pablo a Timoteo: 4, 6-16.

Evangelio según san Mateo: 25, 14-23.

Amados Hermanos y Hermanas en Cristo-Jesús:

     Celebrar el Transito al Cielo de nuestros Sacerdotes Difuntos es una bella tradición de nuestra Iglesia Ritual Maronita, puesto que, a través, de esta Liturgia podemos reflexionar y meditar nuestra vida en la fe: ¿Cómo?

Pues, recordando al Sacerdote que nos admitió en la Santa Iglesia y nos hizo, hijos de Dios por el Sacramento del Bautismo; a aquel Sacerdote que nos llevó a un compromiso de por vida con la Verdad, por el Sacramento de la Confirmación; a aquel otro Sacerdote que escuchó, por vez primera, el humilde reconocimiento de nuestros pecados en el Sacramento de la Reconciliación;  al Sacerdote que nos alimentó con el Pan de los Ángeles al darnos la Primera Comunión; a aquel otro Ministro del Señor que nos unió en el Santo Sacramento del Matrimonio o nos impuso las manos para hacernos Sacerdotes con Cristo-Sacerdote; al Padre que ha ungido: a nuestros familiares, amigos y conocidos, y a nosotros mismos, algún día , para el viaje hacia la Patria Eterna.

     Nunca nos cansaremos de agradecer a Dios por todos los Sacerdotes que nos instruyeron, nos enseñaron, nos evangelizaron y catequizaron; a los que con el ejemplo de sus vidas nos mostraron el Camino y nos hicieron conscientes de las virtudes teologales y cardinales; a aquellos Sacerdotes: educadores, maestros, teólogos, misioneros, enclaustrados, confesores por quienes, hemos conocido a Dios, Uno y Trino, de quienes hemos recibido ciencia, fervor y devoción; a los que hemos leído y nos han hecho ver la luz en algo que no entendíamos; a los Sacerdotes que heroicamente cuidan de nuestros niños, enfermos y discapacitados o moribundos.

     En fin, hermanos, sí nos ponemos a pensar, tenemos tanto por lo cual dar gracias a Dios, que nos ha enviado a sus Sacerdotes. Hoy, muchos de ellos ya se encuentran, celebrando a Jesucristo-Salvador en la eternidad; muchos de ellos son Santos que interceden por nosotros; por ello dedicamos esta Liturgia de Acción de Gracias a Dios, por el don maravillosos de sus Sacerdotes, que nos acompañan y conducen en nuestro peregrinar hacia la Casa del Padre.

     Ahora bien, sería incompleta nuestra reflexión, sí nada más, pensáramos o pidiéramos por los Sacerdotes que ya se encuentran en la presencia de Dios. ¡No Hermanos! Debemos reflexionar y meditar en el don del Sacerdocio que se nos concede hoy; debemos  orar por los Sacerdotes que nos sirven actualmente y en especial por, aquellos que se encuentran en la prueba, en la tribulación o en la tentación.

      Debemos estar conscientes de que, el mundo no se salva por medio de tratados, conferencias o manejos políticos, se salva por la gracia y la fe, que recibimos de Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, que ha delegado su poder a hombres que le han entregado su vida, para que su Palabra y su Salvación lleguen a todos los hombres y mujeres del mundo entero.

      Debemos orar, también, para que, el Señor Jesús pueda elegir libremente de entre nuestras familias a sus futuros Sacerdotes; porque, sí el mundo está como lo vemos hoy, es, precisamente, porque se ha olvidado de Dios; san Pablo en su Carta a Timoteo, pone a todos los Sacerdotes sobre el camino, con las palabras: “Yo estoy a punto de ofrecer mi vida, y el momento de mi partida es inminente. He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe. Solo me queda recibir la corona de la salvación, que aquel día me dará el Señor, juez justo, y no solo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida gloriosa” (2 Tim. 4, 6-8)

     En efecto, queridos hermanos, no necesitamos juzgar a nuestros Sacerdotes, porque ellos, como nosotros, hemos de presentarnos ante Jesucristo, Justo-Juez, quien dará a cada quien según sus obras.

     Pidamos a Dios y a María Santísima, que todos aquellos que se forman para el Sacerdocio y aquellos que ya lo son, hagan fructificar lo talentos que Dios les ha concedido, para que, habiendo sido fieles en lo poco, Jesucristo los ponga al cargo de lo mucho, aquí y en la eternidad.

QUE ASÍ SEA.

+Mons. Georges M. Saad Abi Younes.

  Obispo Maronita de México.

 


San Charbel: Una vida ejemplar

     Vivimos este “tiempo ordinario” alimentándonos de la Palabra de Dios; del gozo de saber que, Jesucristo Resucitado de entre los muertos, vive para siempre; que su Amor es verdadero porque es la única realidad que sostiene nuestro peregrinar por este mundo; sí en verdad ponemos  nuestra fe en Él.

     Hermanos, la mejor noticia que hemos recibido jamás, es precisamente, la del Amor de Dios; Amor que  llevó a Jesús, su Divino Hijo, al Sacrificio Redentor, por el cual, ya no estamos perdidos, ni solos, ni abandonados a nuestra suerte, estamos unidos a Dios, porque hemos sido liberados del mal y de la muerte; el Amor de Dios ha triunfado y nosotros hemos sido salvados, para gozar no solo de la eternidad en el futuro, sino desde hoy mismo, de la Vida Nueva, basada en el amor, la justicia y la paz, que provienen de Dios.

     Pero, ¿cómo puede ser esto, nos atrevemos a pensar, sí vivimos una realidad distinta; un mundo que se mueve entre el odio, la violencia, la guerra, la inmoralidad, el engaño, la injusticia y la corrupción?

     Confesémoslo, esta situación nos desalienta y muchas veces dudamos del amor de Dios; y dudamos, hermanos, porque no conocemos, realmente, a Jesús; porque, queremos vivir según nuestra voluntad, y no, según la voluntad de Dios; porque, confiamos mejor en el dinero, en el placer o en el poder, que en Jesucristo Resucitado; porque, en suma, no creemos, no conocemos y mucho menos, vivimos, el amor de Dios, manifestado en Jesús.

     Pero, el AMOR existe, Jesús es el Amor; y aunque nuestra fe vacile, no podemos ocultar la verdad, de tantos hombres y mujeres que han vivido de ese Amor, por más de 2000 años.

     Uno de estos hombres, fue SAN CHARBEL MAJLUF, quien gracias a la fe sencilla y sólida de sus padres, supo encarnar en su persona, el Evangelio, que hoy hemos escuchado.

     San Charbel vivió el Amor de Dios; amor que, a lo largo de su vida, se fue haciendo más y más profundo, hasta alcanzar, las altas cimas de la contemplación, es decir, de la unión con su Creador y Redentor. Y no vayamos a creer, que esto se dio de un momento para otro, como un acto de magia; ¡No!, san Charbel siguió el mandamiento de Jesús, que todos conocemos, alimentándose de la Palabra de Dios en el santo Evangelio; renunciando a todo aquello que le apartara del Amor a Jesucristo Resucitado; para lo cual, él puso toda su voluntad, inteligencia y entendimiento al servicio de la Verdad; permaneciendo, para siempre, unido a Jesús, como “el sarmiento a la Vid”.

      El firme propósito de san Charbel fue el de conocer a Jesús, cada vez más, para servirle mejor; para que su fe, se incrementara, y así pudiera escuchar la voz de Dios, para poder cumplir con su voluntad y vivir de su amor. Este fue el trabajo de san Charbel durante toda su vida mortal, hacer vida el mandamiento del Señor: “ámense los unos a los otros, como yo los he amado” (Jn. 15, 12)

      San Charbel, hermanos, como todo hombre, que viene a este mundo, fue llamado por Dios a una vocación, particular, que Jesús le fue desvelando, a lo largo de su vida; fue llamado primero a la vida consagrada, y allí, como religioso, expresó su amor a Dios, viviendo las virtudes de: pobreza, castidad y obediencia; más adelante, Jesús llamó a nuestro santo al Sacerdocio, en el que san Charbel amó a Jesucristo, “Sumo y Eterno Sacerdote”, administrando a sus hermanos el alimento de la Palabra y la gracia de los Sacramentos, siendo además, ejemplo de humildad, fe, paciencia, piedad y sacrificio, para todos sus hermanos; finalmente, san Charbel fue llamado por Jesús, a la soledad, el silencio y el desamparo del Calvario y de la Cruz, san Charbel se entregó, íntegramente, al designio del Señor y su amor llegó al extremo, de acompañar a su adorable salvador, durante más de 20 años en una Ermita, donde su vida estuvo dedicada a la oración, a la penitencia, al sacrificio del silencio, a la mortificación de su cuerpo, al ayuno y a la contemplación y adoración de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía; así la vida de san Charbel, como podemos apreciar, fue un “holocausto de amor” a través, del cual, no solo amó a Dios con un corazón indiviso, sino que sirvió y sigue sirviendo al prójimo, por “amor a Aquel, que es el Amor”.

     Así, la vida de san Charbel, no es otra cosa, que el cumplimiento fiel de su vocación: religiosa, sacerdotal y de Ermitaño; la GRACIA Y EL AMOR de Jesús no fueron estériles en san Charbel, quien realizó en su vida, el ideal, que todos quisiéramos alcanzar: el de amar y ser amado.

     Hoy, san Charbel, aquel humilde campesino y pastor goza eternamente del Amor de Dios, porque el supo vivir de su amor, dejándonos con su vida oculta, un ejemplo de lo que Dios puede, en todo aquel que le ama y permanece en Él.

     Hermanos, nos consta que, san Charbel ha recibido la corona de la gloria, por la que han amado y luchado, todos los santos; nos consta que el amor de Jesús, se sigue derramando, a través de él, por todos los beneficios y bendiciones, que hemos recibido, sus devotos, gracias a su poderosa intercesión; nos consta también que, san Charbel sigue y seguirá siendo un “testimonio imperecedero del amor de Dios” y un ejemplo de las virtudes y dones, que el supo trabajar durante su vida, siguiendo el Mandamiento de Cristo: “ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS, COMO YO LOS HE AMADO” (Jn. 15, 12).

     Pidamos a la siempre Virgen María, nuestra dulce y santa Madre, durante este mes, las gracias necesarias para vivir el AMOR DE DIOS, como lo vivió san Charbel.

+Mons. Georges M. Saad Abi Younes.

  Obispo Maronita de México.

 

 

libro los maronitas 

La nueva edición del libro los maronitas y el calendario de San Charbel 2010,

están en venta, en la catedral maronita de Valvanera  

 

 
 
Obispado Maronita de México
Pagina Internet: www.sancharbel.com  www.sancharbel.org 
                        www.construyendosancharbel.org
Email: olmmex@prodigy.net.mx,   eparquiamm@prodigy.net.mx
           secretariadiomar@prodigy.net.mx,  

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